domingo, 9 de abril de 2017

Micro-Microcuento #37

Cuatro años de duro trabajo y dedicación, teniámos el prototipo construido, eso no quería decir que estubiera calibrado ni mucho menos, aún así estabamos en ese punto de satisfación. ¿Funcionaría? De alguna manera nos daba igual, el proyecto estaba ahí y lo siguiente era probarlo. Pusimos un tarro de cristal con una secuencia de ADN básica y le dimos al botón, después de que desapareciera de nuestro espectro, el ordenador estimo que estaba bajo tierra en algún punto de la otra parte del mundo.
Nunca se me olvidará cuando uno del equipo dijo: "Hemos creado el ambar del futuro"y todos empezaron a reírse, el segundo intento tampoco concluyo dentro de lo esperado, pero el tercero sí creo la singularidad...