viernes, 24 de julio de 2015

Micro-Microcuento #11

Habían pasado unos años desde la invención del teletransporte, dada la inmediatez, casi era como viajar en el tiempo, con eso nos reíamos. Poco después de que la patente se liberará, un joven chaval aficionado a la electrónica creo un sistema con el cuál podía teletransportar un objeto de un lugar a otro sin necesidad de contenedor alguno, ni receptor, simplemente usando coordenadas espaciales.
Gracias a ello una empresa de impresión 3D contrato al chaval para que siguiera desarrollando su proyecto entorno a la idea que tenían de usar el teletransporte como medio para realizar trasplantes. No le costó mucho, solo necesitaba desarrollar un puente para intercambiar dos objetos de posiciones al momento, con lo que el trasplante quedaba hecho sin necesidad de corte alguno, lógicamente se imprimía una copia del órgano igual a la del huésped.

Una vez la empresa tubo el paquete completo lo lanzó al mercado directamente:
Trasplantes de órganos biónicos para todos y el adiós al tiempo...